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El G-20 y el acuerdo UE-Mercosur

Publicado el 12/07/2019 en Noticias UCC

A fines de junio se llevó a cabo el encuentro anual del G-20 en Osaka, Japón, donde los líderes de las principales economías del mundo se reunieron para fomentar la cooperación económica global. En esta ocasión, los consensos acerca de las diferentes temáticas propuestas no fueron fáciles de alcanzar. De hecho, ha sido una de las más tensas desde la crisis financiera global de 2008.

Crecimiento económico, reducción de desigualdades y empoderamiento de las mujeres, infraestructuras de calidad, salud y bienestar, cambio climático, crecimiento sustentable, migraciones, entre otros, fueron los temas principales de una amplia agenda. Pero ciertas cuestiones llegaron al G-20 con un marcado protagonismo: la guerra comercial entre China y Estados Unidos, las tensiones con Irán, la situación en Corea del Norte y la crisis de Venezuela. Todas ellas fueron ejes centrales en materia de debate. Sin embargo, el acuerdo alcanzado por la Unión Europea y el Mercosur eclipsó todas las miradas en nuestras latitudes.

Acuerdo comercial

Luego de veinte años de negociaciones nos habíamos acostumbrado a los desencuentros políticos de último momento. Esta vez fue diferente: el sábado 28 de junio, el canciller argentino Jorge Faurie le informaba (vía whatsapp y ampliamente difundido) al presidente argentino y presidente pro-tempore del Mercosur, Mauricio Macri, que el acuerdo con la Unión Europea había sido alcanzado. Desde cancillería se lo definió como "un hito para la inserción internacional de la Argentina ya que aumenta las exportaciones de las economías regionales, consolida la participación de nuestras empresas en cadenas globales de valor, promueve la llegada de inversiones, acelera el proceso de transferencia tecnológica y aumenta la competitividad de la economía, todo lo cual generará un incremento del Producto Bruto Nacional y el aumento del empleo de calidad".

El Mercosur logró concluir las negociaciones en Bruselas para la firma de un acuerdo comercial con la Unión Europea, que Macri describió como "la creación de una zona de libre comercio que abarca 780 millones de personas". La firma de un acuerdo económico entre los países del Mercosur y la Unión Europea no es intrínsecamente bueno o malo. Luego de unas negociaciones rápidas y sin demasiados detalles, lo importante será el contenido final del acuerdo. Aquello que los países se comprometan a cumplir. En este sentido, el acuerdo refuerza el comercio multilateral en un momento en que el orden económico liberal experimenta duros reveses y se incluye en la estrategia de la Unión Europea frente al proteccionismo impulsado por Estados Unidos bajo la administración Trump. Pero a nivel político también es significante porque llega en plena campaña electoral argentina y en los momentos más bajos del inestable gobierno de Jair M. Bolsonaro, en Brasil. Aún más, se concreta antes de la finalización del mandato de la actual Comisión Europea.

Letra chica

Pero volvamos a lo importante. La letra chica, aquello que vamos a ceder y lo que vamos a ganar. Y que lo segundo compense lo primero, debería ser el objetivo principal para que el acuerdo sea considerado favorable para Argentina.

A simple vista, el sector más beneficiado sería el campo (con productos como la carne, el azúcar y las frutas) y el más perjudicado la industria, que competiría directamente con las manufacturas provenientes de Europa. Frente a esa afirmación surgen grises y matices. Por ejemplo, cómo se realizarán las exportaciones de nuestros principales productos agrícolas. En principio, la venta de carnes congeladas y refrigeradas se hará por cuotas y en un plazo determinado (6 años y con un arancel del 7,5%). Así se comprende que Francia e Irlanda (principales economías agrícolas europeas) hayan aceptado firmar el acuerdo. Por otra parte, la UE se reserva estrictas medidas sanitarias y fitosanitarias que podrán ser utilizadas convenientemente (lo ha hecho con anterioridad) como barreras no arancelarias cuando crea conveniente. Los servicios podrían encontrar en este acuerdo una posibilidad de desarrollo más clara.

Respecto a las importaciones, la alianza comercial con Europa supone un dilema casi existencial para las bases de la integración económica regional: cuáles son las concesiones que finalmente harán los sectores protegidos del Mercosur, como el automotriz, corazón de la matriz industrial del bloque, aunque los textos oficiales destaquen que el Mercosur obtendrá plazos amplios de hasta 15 años para liberalizar sectores sensibles en forma gradual. En esta línea, las pymes industriales, la producción textil y la farmacéutica (principalmente) también serán áreas muy vulnerables a la firma del acuerdo, aun cuando se contemple la oferta de asistencia técnica y programas de inserción en cadenas globales de valor. La implementación de estas iniciativas puede llegar demasiado tarde y no a todos sectores afectados.

Desafíos

Como puede observarse, son muchos los obstáculos que debe sortear un acuerdo que aún no ha sido redactado, para ser considerado como un "hito para la inserción internacional de Argentina". Y para ello, deberíamos tener en claro nuestro interés nacional: si consideramos que el desarrollo sienta sus bases en una creciente y progresiva industrialización, este acuerdo no nos lleva en esa dirección. Por otra parte, y no menos importante, ¿Cuál es la relevancia de este acuerdo para la inserción internacional de Argentina cuando el epicentro de la economía global se traslada a otros mercados emergentes, como los de Asia Pacífico? Las actuales dinámicas del sistema económico internacional debería hacernos reflexionar sobre cuáles serán y dónde estarán los socios estratégicos que necesitaremos en el siglo XXI.


Por Virginia Busilli. Profesora de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Magíster en Economía, Cultura y Sociedad China. Becaria doctoral de CONICET.

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