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Propiedad intelectual

Publicado el 03/05/2016 en Noticias UCC

La propiedad intelectual hace referencia a la creación y a la producción de la mente humana, al producto del intelecto, a la actividad creativa e inventiva. Y para entenderla debemos dimensionar su incidencia en la vida cotidiana, en el trabajo y en el desarrollo de la sociedad y de las personas en general.

Se trata de una realidad con la que tomamos contacto diariamente, aún en forma  inconsciente. La vida, la cotidianeidad, está rodeada de ella. Desde el producto que compramos en un supermercado hasta la sitcom o serie que miramos por televisión; los medios de locomoción, como fruto de un trabajo de innovación en su respectiva industria; la ropa que vestimos, porque la moda en sí es el fruto del diseño, de la creación; cuando leemos un libro, escuchamos un programa de radio, utilizamos una computadora, un celular, una aplicación web… todos son ejemplos de propiedad intelectual.

La misma se divide en dos ramas: el derecho de autor y derechos conexos por un lado; y la propiedad industrial (marcas, patentes de invención y modelos de utilidad, y modelos y diseños industriales) por el otro. Ambas se encuentran amparadas por un amplio marco normativo que gobierna las relaciones y facultades que surgen de ellas, tanto a nivel nacional como internacional: Nivel nacional: Ley de marcas y designaciones (22.362), Ley de patentes de invención y modelos de utilidad (24.481)Decreto ley de modelos y diseños industriales (6673/63), Ley de propiedad intelectual (11.723). Nivel Internacional: Convención de BernaConvenio de París, Acuerdo sobre los ADPIC (OMC), WCT y WPPT, entre otros.

Los derechos de propiedad intelectual se caracterizan por facultar a su creador o titular a gozar de los beneficios de su propiedad en forma exclusiva. Puede tratarse de una obra, de una invención o de una inversión o esfuerzo económico efectuado en razón de esas creaciones. Nacen con la creación de una obra y con la concesión de una marca, de una patente de invención o de un modelo o diseño industrial.

El derecho de autor protege las obras intelectuales como libros, música, pinturas, software, entre otras. Otorga a los autores derechos exclusivos para utilizar su obra o autorizar a que otros lo hagan, y recibir una retribución por ello. También protege a artistas, intérpretes y ejecutantes de esas obras, así como a los organismos de radiodifusión, a través de otros derechos denominados conexos.

El derecho de patentes y modelos de utilidad protege las invenciones, cuyas patentes facultan a su titular a explotarlas exclusivamente o autorizar a otros a tal fin. Como debe ponerse a disposición del público la información relativa a su invención, se enriquece el acervo técnico y científico mundial.

El derecho de marcas y designaciones comerciales protege al titular mediante el derecho exclusivo a utilizarlas para identificar sus productos o servicios, o a autorizar su utilización por terceros mediante licencias. Éste derecho protege también al consumidor en cuanto a la confianza y calidad del producto o servicio que elige.

Desde otro punto de vista, un mismo objeto puede gozar de la protección de más de un derecho de propiedad intelectual. Por ejemplo, una marca distingue un producto fabricado por una empresa; dicho producto puede ser comercializado con un envase de diseño o forma tan particular que merezca una protección adicional, y es en éste caso en donde hablamos de modelos o diseños industriales. Se me ocurre también la originalidad de las marcas y de los diseños que últimamente tienen los mates en Argentina. Otro ejemplo es el teléfono celular, en el que convergen derecho de autor, marcas, patentes, modelo y diseño industrial.

La protección en cuestión se funda en el progreso y bienestar de la humanidad, en la protección de los avances científicos, en el fomento de la capacidad creativa e inventiva, en la protección de la cultura y en el crecimiento de la tecnología. También en estimular el crecimiento económico al promover nuevas industrias, generar empleo, mejorar la calidad de vida. Para ello, el conocimiento tiene un rol preponderante.

Y es en éste sentido en el que debemos reconocer los beneficios de contar con un sistema de protección de derechos de propiedad intelectual. Ello permite la protección de los consumidores a nivel local e internacional frente la piratería y la falsificación de productos y marcas; el avance de la comunidad científica y sus investigadores; el crecimiento de industrias artísticas como el cine y la música; el fomento de la cultura mediante la creación de nuevas formas de arte, etcétera.

Nada de esto existiría en la forma que conocemos sin la protección de derechos de autor, patentes, marcas, modelos y diseños industriales, es decir de la propiedad intelectual.

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 Paula Tiemesmann es Directora del Curso de formación en Innovación, desarrollo y propiedad intelectual, dictado por nuestra Facultad de Derecho.

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